martes, 13 de noviembre de 2012

PASIÓN POR CONQUISTARTE






Nací libre entre aguas de colores, mi madre murió en el parto, mi padre se desentendió de mí, por ser él el rey del mar. Poseidón, Dios de aguas saladas se apiado de mí y con unos delfines me dejo. Me críe libre surcando los mares con peces de tamaños varios y de colores distinto. Tortugas, corales, delfines, algas fueron mis aliados para sobrevivir entre tiburones y pulpos. Pero nunca jamás me dejaron navegar por la superficie, miles de peligros habían allí, eso me dijeron mis amigos los delfines. Las olas, nunca vi, ni sentí.  Jamás vi estrellas hermosas ni la luna ejercer su poder en la oscuridad, pero que… en cuentos de ensueño me lo narraron.

Pensar que mi único deseo era subir a la superficie  para experimentar lo que era sentir el aire, vislumbrar la luna, clavar mi mirada fijamente en cada estrella y lo único que vi fue tu silueta en la orilla paseando y de ella me enamoré como los peces cirujanos danzan para captar la atención de su amada ¡piernas, necesitaba piernas para llegar hasta ti y danzar, cantar para atraerte hasta mí!


Me he sentido sirena fuera del mar, cuando sueño que  tus manos podrían  rozar mi piel, me he sentido sin el  aliento  necesario, cuando tu boca en  sueños se ha aproximado a la mía para saborear las delicias que de ésta manan. Siento que ya no siento cuando te tengo dentro y me falta el aire que cada burbuja  el agua contiene. Soy sirena que los mares surco por esos caminos de tu cuerpo  y   recorro sólo con el deseo en que dicen  se siente aquella brisa que jamás percibí. Pero eso solamente lo siento en mis sueños húmedos, cuando descanso en el fondo, entre la arena y las rocas que me cobijan de las corrientes que podrían llevarme hasta ti.





Notar como tu cuerpo se eleva, como una ola que se rompe desarrollando la pared y la espuma progresivamente aumenta el placer de ambos. Tocar ese cielo al que nos transporta el simple contacto de nuestras pieles. Sentir eso en mi sueño, es demencial. Sentirlo bajo tu cuerpo debe ser extraordinario por eso ansió las piernas que no poseo para poder llegar hasta ti.

Tu cuerpo me atrae como la tierra a las tormentas y sin embargo sin agua no vivo. Adéntrate en mis aguas caballero terrenal que en ellas te cantare lo que mis ojos al mirarte anhelan, sentirte mío al compás de la danza que las ondas marcan, en este mar bravío donde acechan los rayos de una mísera tormenta. Calmarlo es el ansia que  yo quisiera y el  fuego que abrasase en la tierra, en mis aguas calmases. Soy sirena de aguas temples que  besarte quisieran en las dulces gotas que de mi emanan, aunque saladas fuesen. Sumérgete en mi mundo para saborear lo que las mieles de un mar profundo ofrecen a los que surcar mares desean.

Cielo estrellado que iluminan las aguas, como tus ojos alumbran el mar, para qué desde el fondo y a través de ellas pueda ver con claridad el sutil reflejo de tu silueta. Quisiera en ese momento abrir las aguas para que tú supieras lo que en mí mundo se esconde, donde me guarezco y donde vivo. Donde anhelo cada día el tenerte entre mis brazos. Sueños y más sueños de cómo poseerte ¿cómo podría una sirena atraer aún humano? Sabiendo que uno de los dos no puede vivir en la tierra del otro.  Mi boca de aireo llenaría tus pulmones si éste te faltase, pues no deseo otra cosa que dibujarte en mi reino de corales y conchas.  Aspiro  besarte cuando blanco quedases, devolverte el color entre las frías aguas de este mar salvaje que cubre mi torso, asesinando el tuyo. Yo puedo respirar el aire que tú exhalas pero me faltan dos bellas razones para ponerme a tu altura y rozar la arena de esta bonita playa con unos pies que no poseo.


Y es que en mi mundo de agua  quema si no te tengo. Si no puedo verte ni tenerte ¿de qué me sirve nadar entre peces de colores? ¿De qué me sirve vivir en un mundo maravilloso de algas y corales? ¿De qué me sirve rodearme con los de mi especie si  ninguno consigue cautivarme? ¡lo que anhelo no lo tengo y por eso muero!  Ese hombre terrenal  me cautivo nada más verle. Su piel alimento de mi deseo, su boca elixir para mis venas, sus manos el placer de mi tacto. 

La sal quema mis carnes, como el fuego abrasa su torso. Estamos condenados a vivir separados  por ser yo de agua y sus besos de fuego. Ósculos que ansió  porque jamás probé su boca de miel, su esencia, panacea que disminuye mis penas, risas entre llantos de lo que tanta tormenta trae a este cuerpo mitad pez, mitad mujer con la única pretensión de tenerte entre mis piernas, piernas que no poseo y amarte. Amarte como sólo una sirena sabe amar la belleza que en ti se oculta.

Nací sirena en un mar sosegado, donde no había tormentas ni rayos y sólo las corrientes perturbaban nuestra tranquilidad. Las tempestades, sólo el aire las alteraba en sus olas superficiales dejándonos al margen en sus torbellinas aguas profundas. No conocí más que sirenas frívolas y tritones arrogantes y…   tuve que salir a la superficie  por curiosidad, mi cuerpo de pez me lo pedía a gritos, me lo clamaba mi mente soñadora que  mi madre me dejo como herencia. Jamás había visto la luna, nunca había visto estrellas y aquella noche di justamente con la luz que irradiaban tus ojos. Cegada por tu belleza, quise ser mujer terrenal, deseé tener piernas para caminar por la arena de una tierra que nunca pise, quise que tuvieras escamas para que te adentraras en mi mundo de algas y corales… y así cautivarte entre mis cantos de sirena, atraerte hasta mí para amarnos con la pasión que sólo  dos humanos podrían encender bajo la luna  llena, rozando nuestros labios, adentrándonos en el interior del otro.


Turbulentas aguas que feroces me arrastran hasta el fondo para que no pueda rozar su piel terrenal, malditas escamas que por piernas cambiaría sólo por hallarme al lado del que con sus ojos me cautivo. Ya no amo mi mundo de peces y corales, porque entre tanta belleza me faltas tú. ¿Y cómo pudo Dios crear un mar sin ti? Existiendo yo en el… como pudo crearme en un mundo donde  tus labios no existían y yo desfalleciendo por morderlos.

Hoy le pediré al mismísimo Poseidón que me de las piernas para llegar hasta ti, seducirte y envolverte  con mi canto de amor, hoy la luna llena será testigo de esa pasión que corre por estas venas saladas que me queman cada vez que en la orilla te veo. Hoy las estrellas podrán contemplar como ando por la arena de tu tierra seca, humedeciendo mi paso hasta sentirte dentro de este cuerpo humano que poseeré en breve. Nadaré sin descanso, volaré entre las aguas, saltaré entre las corrientes moviendo mi única aleta hasta dar alcance con aquel que mis sueños puede cumplir.  Y ya con mis piernas… no habrá mayor placer que morder tu boca, no habrá fuego que no apagué tu cuerpo, no habrá deseo que no calmemos al unirnos…

A sabiendas de saber lo que arriesgo, no me importa, si mi única recompensa es yacer a tu lado por unas horas. Si no vuelvo a mi mundo, si no volviese a recorrer mis aguas profundas entre los  corales pétreos y córneos moriría de pena, pero no habrá muerte más placentera que el  haberme  sentido, entre los brazos en que una vez me hallé. Deseo que experimenté la primera vez que te vi, sentimiento que jamás percibí y todo ello valdrá la pena por apagar la hoguera  que con tus ojos luminosos incendiaste en mí. ¡oh, Poseidón! Concédeme el sueño de unas piernas, que andar por la arena quisieran… Vislumbrar la luna entre tu regazo, saciar la espera entre tus besos, acoplarme entre tu cuerpo para sentirme mujer completa y no una especie de ninfa, mita pez, mitad mujer incompleta, pues me faltan las piernas para llegar a ti. Saciarme de ti, de tu esencia, saborearte de lleno como sólo un pez sabría hacerlo, pero esta vez lo haría con el perfume que sólo una mujer sabe dejar en el rastro de un humano.

Caminar por la arena con estas  piernas que Poseidón me regalo por unas horas, notar la arena con los pies, experiencia que jamás viví. Llegar hasta a ti, cautivarte como el mar  me atrapa a mí. Hechizarte con la mirada mientras canto las palabras de una pasión que aún no se escribió y que sólo las olas de mi mundo te harán llegar, para que te  deleites  con cada estrella… en el rayo de luz que mis besos te darán. Susurrante entre la brisa verás la esencia que desprendo y en ella te envolverás hasta sentir mi presencia…

Largas piernas morenas, como si el sol las hubiese dorado una eternidad, bajo la luna se ven. Hambrientos mis ojos que desesperan por ver tu sombra en esta noche en que el astro más hermoso ilumina. Por unas horas he sido concebida y si no te hallo muero entre la penumbra de este mar oscuro que me ahoga. Segundos… minutos los que pasan hasta tropezar con tus ojos, bajo la luz portentosa de ese faro que irradia mi mundo y a ti en la penumbra te guarece.

 Al compás de las ondas bailo mientras el sonido del mar me arropa, la luz de la luna guiará cada paso, mientras los luceros observan  este halo de belleza que he creado sólo para ti. Envuélvete con la calidez que emana de este nuevo corazón que como mis piernas hoy han sido legadas para estar entre tus brazos. Lléname de tus besos. Sáciame de caricias. Susúrrale al viento que ansias tenerme como yo deseo tenerte a ti. Y que Poseidón sepa que en esta arena el amor manda más que estrellas y corales en su mar.

Tras este amor vivido, mis escamas serán devueltas.  Ignis fatuus surgirán de esta tierra en llanto. Lágrimas devueltas al océano por un amor prohibido, historia que jamás debió escribirse para llorarse después ya que una noche se nos concedió. Mi mundo jamás será el mismo sin tus tiernos ósculos, sin  tu mirar angelical, sin esas caricias que proporcionan mis sustento bajo las frías aguas en las que me halló ¡oh Poseidón, morir quisiera, devorada por uno de tus súbditos! Antes de permanecer sin el amor que me llena, sin la pasión que me desborda en este órgano de pez.

De que me sirve vivir en este mar de eterna belleza si cuanto quiero no poseo. Su piel dorada, sus ojos de miel, labios de azúcar, elixires que necesito para subsistir y esas manos ¡oh, sus manos! Que una vez rozaron mi alma de sirena. De sueños viviré para destrozar mi mente ansiando otro momento que compartir con él.

Surcaré los mares, nadaré sin descanso para evaporar las burbujas de su  imagen que vienen a mí una y otra vez en forma del placer que una vez hallé entre sus brazos… Compañero delfín  navega a mi vera noche y día hasta que desaparezca su tersa piel de ésta vista y se borré el calor que sentí aquella noche.

Recuerdos que en el mar me matan, tus manos acariciando mi piel desnuda, tus ojos observando bajo la luz de la luna este cuerpo que se creo para ser amado por ti. Besos dulces, paraíso de manjares y mieles que una noche sorbí acoplada a tu figura y… en el eterno recuerdo quedo grabado para perecer lentamente en estas aguas saladas. Querido delfín que a mi lado permaneces para limpiar el llanto que esta sirena derrama por amor. Amigo delfín, si no existieras muerta estaría ya, pero corre dile a  Poseidón que le vendo mi alma de pez por unas piernas que la tierra puedan pisar, pues ya no deseo vivir en este mundo en el que no existe mi amado. No deseo vivir si el no está a mi vera y si esto no fuera posible, dile a Poseidón que mi alma se lleve, pues morir quiero si no he de tenerle.

Vermella.