martes, 19 de abril de 2016


    ELLA.

    Con los primeros albores de la madrugada,
    despertaba de sus sueños quejándose de interrumpirlos
    y ya ni siquiera tenía buenos despertares, pues ella ya no estaba a su lado. Hastiado de su vida monótona, tan sólo quería soñar para que el tiempo se desvaneciese rápido, sabiendo que nunca más podría hacerlo retroceder.

    Con su cuerpo desencajado y su cuerpo maltrecho acudía al baño como un zombi para remojar su cara y poder abrir los ojos, aunque no le apeteciera mucho. Ponía la cafetera al fuego, mientras se vestía lentamente. Las resacas eran mortales tras la cantidad de alcohol que se metía en el cuerpo pensando que así la olvidaría antes.
    Se dirigía a trabajar como todos los días con su faz de enojo, desde que ella se fuera su vida era rancia, no tenía ilusiones ni ganas de vivir, se había apartado de sus amigos, no levantaba la vista del suelo, se había encerrado en si mismo intentando encontrar el motivo por los que ella había decidido abandonarlo.

    Con gran esfuerzo superaba los duros días en la mina, donde rogaba a Dios que un desprendimiento de rocas se lo llevará al otro mundo. Estaba sólo y su pensamiento siempre estaba con ella.

    Y llegaba la noche, se sentaba en su desvencijado sofá y llenaba su vaso de whisky barato, se lo bebía de un trago, uno tras otro, hasta que terminaba con la botella. Su vista no se apartaba de la puerta y su mente la recordaba como la última noche que estuvieron juntos, antes de que ella se marchara para siempre.

    Ella era todo lo que un hombre podía desear en una mujer, con unas curvas que hubiesen hecho babear a cualquiera, sus voluptuosos pechos, sus piernas infinitas, su pelo lacio cayendo libre hasta casi sus caderas, pero aparte de su aspecto físico era dulce, salvaje, provocativa, sutil para conseguir todo lo que se proponía y no dudaba en sacar sus armas para convencerle, pero su carácter machista, sus celos imposibles, acabaron con la única decisión que ella podía tomar, jamás seria feliz con un tipo así y aquel día en que ya había tomado la decisión de marcharse, le ofreció una última noche, pero no se lo dijo. Le espero a que llegase de trabajar, le preparó un baño con esencias de rosas y mientras el se baño plácidamente, ella termino de preparar la cena. Había puesto la mesa poniendo atención en todos los detalles para que no faltará de nada, los cubiertos estaban ordenados, las servilletas bien dobladas, dos copas de vino de cristal d´Arques, una botella de vino de una afamada marca “Perrier Jouët “ por la cual había pagado una fortuna y un candelabro con una única vela que desprendía un suave olor a vainilla. Había pasado toda la tarde cocinando un cordero a la miel, receta que le pasó su madre, porque la cocina no era lo suyo y de postre preparo tiramisú. Estaba todo a punto cuando él entro en el comedor, vestido con la ropa que ella le había preparado. Se sentó en la silla que acostumbraba hacerlo y espero a que ella apareciera, tardó unos cinco minutos en asomar por la puerta que daba al comedor y cuando lo hizo, él la observo de arriba a bajo, se había recogido el pelo con una pinza, sus hombros desnudos, sus pechos estaban oprimidos por un corsé negro de piel, sus braguitas de encaje completamente negras, en su cintura un liguero que sujetaba las medias que le llegaban a la entrepierna y unos zapatos con un súper tacón. Los ojos de él  la miraban atónitos, su mente le hablaba en silenció diciéndole que apartará todos los utensilios que habían en la mesa, la agarrase con fuerza y la tumbará allí para follarla frenéticamente, pero ella se sentó a cenar con una tranquilidad abrumadora sabiendo que él se deshacía en deseo, pero tenía que aguantar, ese era el plan.

    Cenaron sin casi hablar el uno con el otro, mientras las piernas de él buscaban las de ella, que se descalzo y con el pie busco el bulto de su entrepierna y allí lo situó para rozarlo suavemente mientras no perdía detalle de su rostro, sus facciones le indicaban cuanto le gustaba aquello. De repente paro, se colocó el zapato y se levantó retirando los platos para sacar el postre. El la hubiese seguido, pero ella parecía tan fría, tan distante. Regreso enseguida con el tiramisú y se acerco, lo dejo encima de  la mesa y se aproximo a él, lo suficiente para desabrocharle la camisa, se la quito. Unto su pecho con el tiramisú y empezó a devorarlo, mientras él atónito se dejaba hacer. Desabrochó el pantalón para liberar de su cautiverio aquel bicho que crecía a pasos agigantados, lo cogió con su mano mientras con la otra cogía otro trozo de tiramisú y lo restregaba por su verga para continuación, lamerlo, saboreando aquella delicia que sabía que tanto placer le daba. Lo metió en su boca y estuvo largo rato jugando con el, hasta que él la hizo parar. Se levanto y de un manotazo limpió la mesa le dio la vuelta y la empujó hacia ella, le bajo las bragas de encaje y le paso los dedos notando la humedad y se dispuso a penetrarla con la pasión que de él surgía, lentamente entró y empezó acompasadamente a acelerar sus movimientos, mientras ella gemía, agarrándose fuertemente a la mesa. El se detuvo y le hizo dar la vuelta y acerco su boca a su coño para lamerlo, explorando los recovecos más placenteros que ella escondía, los gritos de deseo no se hicieron de esperar y cuando él sintió que ella no aguantaría más, paro para volverla a penetrar, sus manos buscaron sus pechos, sus labios se adentraron en su boca y los movimientos se aceleraron, dejando paso a los gritos que sólo se producen cuando el placer es máximo. El saco su polla dejando fluir el liquido por la entrepierna de ella, exhausto se tumbo a su lado con la respiración entrecortada y muy relajados.



    Al día siguiente cuando él despertó, ella ya no estaba. Se había ido para siempre dejándole un buen recuerdo que a él lo mato lentamente.

    Vermella. 










martes, 13 de noviembre de 2012

PASIÓN POR CONQUISTARTE






Nací libre entre aguas de colores, mi madre murió en el parto, mi padre se desentendió de mí, por ser él el rey del mar. Poseidón, Dios de aguas saladas se apiado de mí y con unos delfines me dejo. Me críe libre surcando los mares con peces de tamaños varios y de colores distinto. Tortugas, corales, delfines, algas fueron mis aliados para sobrevivir entre tiburones y pulpos. Pero nunca jamás me dejaron navegar por la superficie, miles de peligros habían allí, eso me dijeron mis amigos los delfines. Las olas, nunca vi, ni sentí.  Jamás vi estrellas hermosas ni la luna ejercer su poder en la oscuridad, pero que… en cuentos de ensueño me lo narraron.

Pensar que mi único deseo era subir a la superficie  para experimentar lo que era sentir el aire, vislumbrar la luna, clavar mi mirada fijamente en cada estrella y lo único que vi fue tu silueta en la orilla paseando y de ella me enamoré como los peces cirujanos danzan para captar la atención de su amada ¡piernas, necesitaba piernas para llegar hasta ti y danzar, cantar para atraerte hasta mí!


Me he sentido sirena fuera del mar, cuando sueño que  tus manos podrían  rozar mi piel, me he sentido sin el  aliento  necesario, cuando tu boca en  sueños se ha aproximado a la mía para saborear las delicias que de ésta manan. Siento que ya no siento cuando te tengo dentro y me falta el aire que cada burbuja  el agua contiene. Soy sirena que los mares surco por esos caminos de tu cuerpo  y   recorro sólo con el deseo en que dicen  se siente aquella brisa que jamás percibí. Pero eso solamente lo siento en mis sueños húmedos, cuando descanso en el fondo, entre la arena y las rocas que me cobijan de las corrientes que podrían llevarme hasta ti.





Notar como tu cuerpo se eleva, como una ola que se rompe desarrollando la pared y la espuma progresivamente aumenta el placer de ambos. Tocar ese cielo al que nos transporta el simple contacto de nuestras pieles. Sentir eso en mi sueño, es demencial. Sentirlo bajo tu cuerpo debe ser extraordinario por eso ansió las piernas que no poseo para poder llegar hasta ti.

Tu cuerpo me atrae como la tierra a las tormentas y sin embargo sin agua no vivo. Adéntrate en mis aguas caballero terrenal que en ellas te cantare lo que mis ojos al mirarte anhelan, sentirte mío al compás de la danza que las ondas marcan, en este mar bravío donde acechan los rayos de una mísera tormenta. Calmarlo es el ansia que  yo quisiera y el  fuego que abrasase en la tierra, en mis aguas calmases. Soy sirena de aguas temples que  besarte quisieran en las dulces gotas que de mi emanan, aunque saladas fuesen. Sumérgete en mi mundo para saborear lo que las mieles de un mar profundo ofrecen a los que surcar mares desean.

Cielo estrellado que iluminan las aguas, como tus ojos alumbran el mar, para qué desde el fondo y a través de ellas pueda ver con claridad el sutil reflejo de tu silueta. Quisiera en ese momento abrir las aguas para que tú supieras lo que en mí mundo se esconde, donde me guarezco y donde vivo. Donde anhelo cada día el tenerte entre mis brazos. Sueños y más sueños de cómo poseerte ¿cómo podría una sirena atraer aún humano? Sabiendo que uno de los dos no puede vivir en la tierra del otro.  Mi boca de aireo llenaría tus pulmones si éste te faltase, pues no deseo otra cosa que dibujarte en mi reino de corales y conchas.  Aspiro  besarte cuando blanco quedases, devolverte el color entre las frías aguas de este mar salvaje que cubre mi torso, asesinando el tuyo. Yo puedo respirar el aire que tú exhalas pero me faltan dos bellas razones para ponerme a tu altura y rozar la arena de esta bonita playa con unos pies que no poseo.


Y es que en mi mundo de agua  quema si no te tengo. Si no puedo verte ni tenerte ¿de qué me sirve nadar entre peces de colores? ¿De qué me sirve vivir en un mundo maravilloso de algas y corales? ¿De qué me sirve rodearme con los de mi especie si  ninguno consigue cautivarme? ¡lo que anhelo no lo tengo y por eso muero!  Ese hombre terrenal  me cautivo nada más verle. Su piel alimento de mi deseo, su boca elixir para mis venas, sus manos el placer de mi tacto. 

La sal quema mis carnes, como el fuego abrasa su torso. Estamos condenados a vivir separados  por ser yo de agua y sus besos de fuego. Ósculos que ansió  porque jamás probé su boca de miel, su esencia, panacea que disminuye mis penas, risas entre llantos de lo que tanta tormenta trae a este cuerpo mitad pez, mitad mujer con la única pretensión de tenerte entre mis piernas, piernas que no poseo y amarte. Amarte como sólo una sirena sabe amar la belleza que en ti se oculta.

Nací sirena en un mar sosegado, donde no había tormentas ni rayos y sólo las corrientes perturbaban nuestra tranquilidad. Las tempestades, sólo el aire las alteraba en sus olas superficiales dejándonos al margen en sus torbellinas aguas profundas. No conocí más que sirenas frívolas y tritones arrogantes y…   tuve que salir a la superficie  por curiosidad, mi cuerpo de pez me lo pedía a gritos, me lo clamaba mi mente soñadora que  mi madre me dejo como herencia. Jamás había visto la luna, nunca había visto estrellas y aquella noche di justamente con la luz que irradiaban tus ojos. Cegada por tu belleza, quise ser mujer terrenal, deseé tener piernas para caminar por la arena de una tierra que nunca pise, quise que tuvieras escamas para que te adentraras en mi mundo de algas y corales… y así cautivarte entre mis cantos de sirena, atraerte hasta mí para amarnos con la pasión que sólo  dos humanos podrían encender bajo la luna  llena, rozando nuestros labios, adentrándonos en el interior del otro.


Turbulentas aguas que feroces me arrastran hasta el fondo para que no pueda rozar su piel terrenal, malditas escamas que por piernas cambiaría sólo por hallarme al lado del que con sus ojos me cautivo. Ya no amo mi mundo de peces y corales, porque entre tanta belleza me faltas tú. ¿Y cómo pudo Dios crear un mar sin ti? Existiendo yo en el… como pudo crearme en un mundo donde  tus labios no existían y yo desfalleciendo por morderlos.

Hoy le pediré al mismísimo Poseidón que me de las piernas para llegar hasta ti, seducirte y envolverte  con mi canto de amor, hoy la luna llena será testigo de esa pasión que corre por estas venas saladas que me queman cada vez que en la orilla te veo. Hoy las estrellas podrán contemplar como ando por la arena de tu tierra seca, humedeciendo mi paso hasta sentirte dentro de este cuerpo humano que poseeré en breve. Nadaré sin descanso, volaré entre las aguas, saltaré entre las corrientes moviendo mi única aleta hasta dar alcance con aquel que mis sueños puede cumplir.  Y ya con mis piernas… no habrá mayor placer que morder tu boca, no habrá fuego que no apagué tu cuerpo, no habrá deseo que no calmemos al unirnos…

A sabiendas de saber lo que arriesgo, no me importa, si mi única recompensa es yacer a tu lado por unas horas. Si no vuelvo a mi mundo, si no volviese a recorrer mis aguas profundas entre los  corales pétreos y córneos moriría de pena, pero no habrá muerte más placentera que el  haberme  sentido, entre los brazos en que una vez me hallé. Deseo que experimenté la primera vez que te vi, sentimiento que jamás percibí y todo ello valdrá la pena por apagar la hoguera  que con tus ojos luminosos incendiaste en mí. ¡oh, Poseidón! Concédeme el sueño de unas piernas, que andar por la arena quisieran… Vislumbrar la luna entre tu regazo, saciar la espera entre tus besos, acoplarme entre tu cuerpo para sentirme mujer completa y no una especie de ninfa, mita pez, mitad mujer incompleta, pues me faltan las piernas para llegar a ti. Saciarme de ti, de tu esencia, saborearte de lleno como sólo un pez sabría hacerlo, pero esta vez lo haría con el perfume que sólo una mujer sabe dejar en el rastro de un humano.

Caminar por la arena con estas  piernas que Poseidón me regalo por unas horas, notar la arena con los pies, experiencia que jamás viví. Llegar hasta a ti, cautivarte como el mar  me atrapa a mí. Hechizarte con la mirada mientras canto las palabras de una pasión que aún no se escribió y que sólo las olas de mi mundo te harán llegar, para que te  deleites  con cada estrella… en el rayo de luz que mis besos te darán. Susurrante entre la brisa verás la esencia que desprendo y en ella te envolverás hasta sentir mi presencia…

Largas piernas morenas, como si el sol las hubiese dorado una eternidad, bajo la luna se ven. Hambrientos mis ojos que desesperan por ver tu sombra en esta noche en que el astro más hermoso ilumina. Por unas horas he sido concebida y si no te hallo muero entre la penumbra de este mar oscuro que me ahoga. Segundos… minutos los que pasan hasta tropezar con tus ojos, bajo la luz portentosa de ese faro que irradia mi mundo y a ti en la penumbra te guarece.

 Al compás de las ondas bailo mientras el sonido del mar me arropa, la luz de la luna guiará cada paso, mientras los luceros observan  este halo de belleza que he creado sólo para ti. Envuélvete con la calidez que emana de este nuevo corazón que como mis piernas hoy han sido legadas para estar entre tus brazos. Lléname de tus besos. Sáciame de caricias. Susúrrale al viento que ansias tenerme como yo deseo tenerte a ti. Y que Poseidón sepa que en esta arena el amor manda más que estrellas y corales en su mar.

Tras este amor vivido, mis escamas serán devueltas.  Ignis fatuus surgirán de esta tierra en llanto. Lágrimas devueltas al océano por un amor prohibido, historia que jamás debió escribirse para llorarse después ya que una noche se nos concedió. Mi mundo jamás será el mismo sin tus tiernos ósculos, sin  tu mirar angelical, sin esas caricias que proporcionan mis sustento bajo las frías aguas en las que me halló ¡oh Poseidón, morir quisiera, devorada por uno de tus súbditos! Antes de permanecer sin el amor que me llena, sin la pasión que me desborda en este órgano de pez.

De que me sirve vivir en este mar de eterna belleza si cuanto quiero no poseo. Su piel dorada, sus ojos de miel, labios de azúcar, elixires que necesito para subsistir y esas manos ¡oh, sus manos! Que una vez rozaron mi alma de sirena. De sueños viviré para destrozar mi mente ansiando otro momento que compartir con él.

Surcaré los mares, nadaré sin descanso para evaporar las burbujas de su  imagen que vienen a mí una y otra vez en forma del placer que una vez hallé entre sus brazos… Compañero delfín  navega a mi vera noche y día hasta que desaparezca su tersa piel de ésta vista y se borré el calor que sentí aquella noche.

Recuerdos que en el mar me matan, tus manos acariciando mi piel desnuda, tus ojos observando bajo la luz de la luna este cuerpo que se creo para ser amado por ti. Besos dulces, paraíso de manjares y mieles que una noche sorbí acoplada a tu figura y… en el eterno recuerdo quedo grabado para perecer lentamente en estas aguas saladas. Querido delfín que a mi lado permaneces para limpiar el llanto que esta sirena derrama por amor. Amigo delfín, si no existieras muerta estaría ya, pero corre dile a  Poseidón que le vendo mi alma de pez por unas piernas que la tierra puedan pisar, pues ya no deseo vivir en este mundo en el que no existe mi amado. No deseo vivir si el no está a mi vera y si esto no fuera posible, dile a Poseidón que mi alma se lleve, pues morir quiero si no he de tenerle.

Vermella.




martes, 2 de agosto de 2011

AMARTE ASÍ

Otro de mis vídeos dedicados al amor, a lo que se siente cuando se esta enamorada, a la fuerza que te proporciona el amor y lo que cualquiera puede llegar a ser y hacer cuando se encuentra de frente con el amor verdadero.

lunes, 1 de agosto de 2011

OLVIDARTE


Alimentaste la ilusión cuando más lo necesitaba, 
me diste de comer aún sabiendo que me dolería el estomago 
y ya no quedo espacio suficiente para dar paso a la razón. 
Y ahora busco y busco una solución para no aumentar la desilusión 
de lo falsos que me supieron tus besos y aún así no sé como olvidarte, 
porque los recuerdos me atormentan.

El silencio  retumbo en mi mente y albergue en mi corazón 
recuerdos que quise olvidar y procure negarte siguiendo 
la ruta de un pájaro herido. Procuro alejarme de aquellos lugares donde nos quisimos. Me enredo en amores sin ganas ni fuerzas por ver si te olvido y llega la noche y de nuevo comprendo que te necesito.

Y recuerdo tus ojos de mirada serena, 
con el brillo de ansiedad que no miraban más lejos de la huella de sus pies. 
Ojos de falsa mirada, mucho más falsa que las flores de papel. 
Esos ojos que perdieron la vida sin saber pedir perdón, 
ojos que  hirieron de muerte mi corazón. 
Mis ojos en el pasar de los años olvidaron  llorar, 
pero aquel día me marco tu frialdad 
que hizo mella en mí como el fuego funde la piel.


Procuro olvidarte haciendo en el día mil cosas distintasprocuro olvidarte pisando y contando las hojas caídas.

Procuro cansarme, llegar a la noche apenas sin vida y al ver nuestra casa tan sola y callada. Lo que daría porque estuvieras tú, porque siguieras tú conmigo, lo que haría, por no sentirme así, por no vivir así, perdida. Lo que daría por retroceder en el tiempo, por no permitir el engaño, por no dejarme embaucar por las bellas palabras que un día susurraste en mi oído, por no permitirte adentrarte en mí, por no dejarme encandilar de nuevo, por creerme fuerte, caí boba a tus pies.




Todas nuestras tardes  bajo estrellas escondidas, 
luces que mi corazón  encendían para 
iluminar ese amor imperecedero que creía, 
ambos sentíamos.  
Desnudarme como soy   siendo así como la arena  
que resbala en tu querer, perdiendo el tiempo por quien no 
merecía mis horas. 
Y seguí amándote a pesar de tu indiferencia, 
seguí siéndote fiel, porque creí en ti.
 
Ahora que el tiempo dio paso a la razón, 
me convencí de que olvidándote 
pasaría a mejor vida, volvería a reír, volvería a soñar, 
volvería a no esperar tus palabras candentes para resurgir, 
ya nada era lo que debía ser, ya nunca seria lo que fue. 
Te perdí, me perdiste y la culpa para ninguno de los dos, 
porque al  fin entendí que nuestro amor jamás fue amor, 
simplemente una  ilusión que me diste a comer.
 
Y aún así hoy, quiero agradecerte el dolor proporcionado 
porque jamás me sentí tan viva.

Ros Vermella.
 

Regálame una noche como aquella

Este es otro pequeño vídeo cuyo texto dedico a todos y cada uno que recuerda una noche inolvidable y espera la oportunidad de que surja una mucho mejor.

Los Ojos Tristes Nunca mienten.

Una de mis  aficiones es escribir y recientemente he  descubierto que podía realizar  vídeos con textos de mi propia cosecha, así que he decidido publicarlos para aquellos románticos que les apetezca disfrutar de un poco de amor adobado en sueños.