Nací libre entre aguas de
colores, mi madre murió en el parto, mi padre se desentendió de mí, por ser él
el rey del mar. Poseidón, Dios de aguas saladas se apiado de mí y con unos
delfines me dejo. Me críe libre surcando los mares con peces de tamaños varios
y de colores distinto. Tortugas, corales, delfines, algas fueron mis aliados
para sobrevivir entre tiburones y pulpos. Pero nunca jamás me dejaron navegar
por la superficie, miles de peligros habían allí, eso me dijeron mis amigos los
delfines. Las olas, nunca vi, ni sentí.
Jamás vi estrellas hermosas ni la luna ejercer su poder en la oscuridad,
pero que… en cuentos de ensueño me lo narraron.
Pensar que mi único deseo era
subir a la superficie para experimentar
lo que era sentir el aire, vislumbrar la luna, clavar mi mirada fijamente en
cada estrella y lo único que vi fue tu silueta en la orilla paseando y de ella
me enamoré como los peces cirujanos danzan para captar la atención de su amada
¡piernas, necesitaba piernas para llegar hasta ti y danzar, cantar para
atraerte hasta mí!
Me he sentido sirena fuera
del mar, cuando sueño que tus manos
podrían rozar mi piel, me he sentido sin
el aliento necesario, cuando tu boca en sueños se ha aproximado a la mía para saborear
las delicias que de ésta manan. Siento que ya no siento cuando te tengo dentro
y me falta el aire que cada burbuja el
agua contiene. Soy sirena que los mares surco por esos caminos de tu cuerpo y recorro sólo con el deseo en que dicen se siente aquella brisa que jamás percibí. Pero
eso solamente lo siento en mis sueños húmedos, cuando descanso en el fondo,
entre la arena y las rocas que me cobijan de las corrientes que podrían
llevarme hasta ti.
Notar como tu cuerpo se
eleva, como una ola que se rompe desarrollando la pared y la espuma
progresivamente aumenta el placer de ambos. Tocar ese cielo al que nos
transporta el simple contacto de nuestras pieles. Sentir eso en mi sueño, es
demencial. Sentirlo bajo tu cuerpo debe ser extraordinario por eso ansió las
piernas que no poseo para poder llegar hasta ti.
Tu cuerpo me atrae como la
tierra a las tormentas y sin embargo sin agua no vivo. Adéntrate en mis aguas
caballero terrenal que en ellas te cantare lo que mis ojos al mirarte anhelan,
sentirte mío al compás de la danza que las ondas marcan, en este mar bravío
donde acechan los rayos de una mísera tormenta. Calmarlo es el ansia que yo quisiera y el fuego que abrasase en la tierra, en mis aguas
calmases. Soy sirena de aguas temples que
besarte quisieran en las dulces gotas que de mi emanan, aunque saladas
fuesen. Sumérgete en mi mundo para saborear lo que las mieles de un mar
profundo ofrecen a los que surcar mares desean.
Cielo estrellado que iluminan
las aguas, como tus ojos alumbran el mar, para qué desde el fondo y a través de
ellas pueda ver con claridad el sutil reflejo de tu silueta. Quisiera en ese
momento abrir las aguas para que tú supieras lo que en mí mundo se esconde,
donde me guarezco y donde vivo. Donde anhelo cada día el tenerte entre mis
brazos. Sueños y más sueños de cómo poseerte ¿cómo podría una sirena atraer aún
humano? Sabiendo que uno de los dos no puede vivir en la tierra del otro. Mi boca de aireo llenaría tus pulmones si éste
te faltase, pues no deseo otra cosa que dibujarte en mi reino de corales y
conchas. Aspiro besarte cuando blanco quedases, devolverte el
color entre las frías aguas de este mar salvaje que cubre mi torso, asesinando
el tuyo. Yo puedo respirar el aire que tú exhalas pero me faltan dos bellas
razones para ponerme a tu altura y rozar la arena de esta bonita playa con unos
pies que no poseo.
Y es que en mi mundo de agua quema si no te tengo. Si no puedo verte ni
tenerte ¿de qué me sirve nadar entre peces de colores? ¿De qué me sirve vivir en
un mundo maravilloso de algas y corales? ¿De qué me sirve rodearme con los de mi
especie si ninguno consigue cautivarme? ¡lo
que anhelo no lo tengo y por eso muero! Ese hombre terrenal me cautivo nada más verle. Su piel alimento de
mi deseo, su boca elixir para mis venas, sus manos el placer de mi tacto.
La
sal quema mis carnes, como el fuego abrasa su torso. Estamos condenados a vivir
separados por ser yo de agua y sus besos
de fuego. Ósculos que ansió porque jamás
probé su boca de miel, su esencia, panacea que disminuye mis penas, risas entre
llantos de lo que tanta tormenta trae a este cuerpo mitad pez, mitad mujer con
la única pretensión de tenerte entre mis piernas, piernas que no poseo y amarte.
Amarte como sólo una sirena sabe amar la belleza que en ti se oculta.
Nací sirena en un mar
sosegado, donde no había tormentas ni rayos y sólo las corrientes perturbaban
nuestra tranquilidad. Las tempestades, sólo el aire las alteraba en sus olas
superficiales dejándonos al margen en sus torbellinas aguas profundas. No
conocí más que sirenas frívolas y tritones arrogantes y… tuve
que salir a la superficie por curiosidad, mi cuerpo de pez me lo pedía a gritos, me lo clamaba mi mente soñadora que mi madre me dejo como herencia. Jamás había
visto la luna, nunca había visto estrellas y aquella noche di justamente con la
luz que irradiaban tus ojos. Cegada por tu belleza, quise ser mujer terrenal,
deseé tener piernas para caminar por la arena de una tierra que nunca pise,
quise que tuvieras escamas para que te adentraras en mi mundo de algas y
corales… y así cautivarte entre mis cantos de sirena, atraerte hasta mí para
amarnos con la pasión que sólo dos
humanos podrían encender bajo la luna
llena, rozando nuestros labios, adentrándonos en el interior del otro.
Turbulentas aguas que feroces
me arrastran hasta el fondo para que no pueda rozar su piel terrenal, malditas
escamas que por piernas cambiaría sólo por hallarme al lado del que con sus
ojos me cautivo. Ya no amo mi mundo de peces y corales, porque entre tanta
belleza me faltas tú. ¿Y cómo pudo Dios crear un mar sin ti? Existiendo yo en
el… como pudo crearme en un mundo donde tus labios no existían y yo desfalleciendo por
morderlos.
Hoy le pediré al mismísimo
Poseidón que me de las piernas para llegar hasta ti, seducirte y
envolverte con mi canto de amor, hoy la
luna llena será testigo de esa pasión que corre por estas venas saladas que me
queman cada vez que en la orilla te veo. Hoy las estrellas podrán contemplar
como ando por la arena de tu tierra seca, humedeciendo mi paso hasta sentirte
dentro de este cuerpo humano que poseeré en breve. Nadaré sin descanso, volaré
entre las aguas, saltaré entre las corrientes moviendo mi única aleta hasta dar
alcance con aquel que mis sueños puede cumplir.
Y ya con mis piernas… no habrá mayor placer que morder tu boca, no habrá
fuego que no apagué tu cuerpo, no habrá deseo que no calmemos al unirnos…
A sabiendas de saber lo que
arriesgo, no me importa, si mi única recompensa es yacer a tu lado por unas
horas. Si no vuelvo a mi mundo, si no volviese a recorrer mis aguas profundas
entre los corales pétreos y
córneos moriría de pena, pero no habrá muerte más placentera que el haberme
sentido, entre los brazos en que una vez me hallé. Deseo que experimenté
la primera vez que te vi, sentimiento que jamás percibí y todo ello valdrá la
pena por apagar la hoguera que con tus
ojos luminosos incendiaste en mí. ¡oh, Poseidón! Concédeme el sueño de unas
piernas, que andar por la arena quisieran… Vislumbrar la luna entre tu regazo,
saciar la espera entre tus besos, acoplarme entre tu cuerpo para sentirme mujer
completa y no una especie de ninfa, mita pez, mitad mujer incompleta, pues me
faltan las piernas para llegar a ti. Saciarme de ti, de tu esencia, saborearte
de lleno como sólo un pez sabría hacerlo, pero esta vez lo haría con el perfume
que sólo una mujer sabe dejar en el rastro de un humano.
Caminar por la arena con estas piernas que Poseidón me regalo por unas
horas, notar la arena con los pies, experiencia que jamás viví. Llegar hasta a
ti, cautivarte como el mar me atrapa a
mí. Hechizarte con la mirada mientras canto las palabras de una pasión que aún
no se escribió y que sólo las olas de mi mundo te harán llegar, para que
te deleites con cada estrella… en el rayo de luz que mis
besos te darán. Susurrante entre la brisa verás la esencia que desprendo y en
ella te envolverás hasta sentir mi presencia…
Largas piernas morenas, como
si el sol las hubiese dorado una eternidad, bajo la luna se ven. Hambrientos
mis ojos que desesperan por ver tu sombra en esta noche en que el astro más
hermoso ilumina. Por unas horas he sido concebida y si no te hallo muero entre
la penumbra de este mar oscuro que me ahoga. Segundos… minutos los que pasan
hasta tropezar con tus ojos, bajo la luz portentosa de ese faro que irradia mi
mundo y a ti en la penumbra te guarece.
Al compás de las ondas bailo mientras el
sonido del mar me arropa, la luz de la luna guiará cada paso, mientras los
luceros observan este halo de belleza
que he creado sólo para ti. Envuélvete con la calidez que emana de este nuevo
corazón que como mis piernas hoy han sido legadas para estar entre tus brazos.
Lléname de tus besos. Sáciame de caricias. Susúrrale al viento que ansias
tenerme como yo deseo tenerte a ti. Y que Poseidón sepa que en esta arena el
amor manda más que estrellas y corales en su mar.
Tras este amor vivido, mis
escamas serán devueltas. Ignis
fatuus surgirán de esta tierra en llanto. Lágrimas devueltas al océano por un
amor prohibido, historia que jamás debió escribirse para llorarse después ya
que una noche se nos concedió. Mi mundo jamás será el mismo sin tus tiernos
ósculos, sin tu mirar angelical, sin
esas caricias que proporcionan mis sustento bajo las frías aguas en las que me
halló ¡oh Poseidón, morir quisiera, devorada por uno de tus súbditos! Antes de
permanecer sin el amor que me llena, sin la pasión que me desborda en este
órgano de pez.
De que me sirve vivir en este mar de eterna
belleza si cuanto quiero no poseo. Su piel dorada, sus ojos de miel, labios de
azúcar, elixires que necesito para subsistir y esas manos ¡oh, sus manos! Que
una vez rozaron mi alma de sirena. De sueños viviré para destrozar mi mente
ansiando otro momento que compartir con él.
Surcaré los mares, nadaré sin descanso para
evaporar las burbujas de su imagen que
vienen a mí una y otra vez en forma del placer que una vez hallé entre sus
brazos… Compañero delfín navega a mi
vera noche y día hasta que desaparezca su tersa piel de ésta vista y se borré
el calor que sentí aquella noche.
Recuerdos que en el mar me
matan, tus manos acariciando mi piel desnuda, tus ojos observando bajo la luz
de la luna este cuerpo que se creo para ser amado por ti. Besos dulces, paraíso
de manjares y mieles que una noche sorbí acoplada a tu figura y… en el eterno
recuerdo quedo grabado para perecer lentamente en estas aguas saladas. Querido
delfín que a mi lado permaneces para limpiar el llanto que esta sirena derrama
por amor. Amigo delfín, si no existieras muerta estaría ya, pero corre dile
a Poseidón que le vendo mi alma de pez
por unas piernas que la tierra puedan pisar, pues ya no deseo vivir en este mundo
en el que no existe mi amado. No deseo vivir si el no está a mi vera y si esto no fuera posible, dile a Poseidón que mi alma se lleve, pues morir quiero si no he de tenerle.Vermella.


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